Martes  23 de Enero de 2018 | Última actualización 02:02 PM
El uso del Clerén en la región fronteriza
Por: RAFAEL E. CAAMAÑO CASTILLO | 1:46 PM

El estado de abandono y calamidad que ha sido una constante en los pueblos, aldeas y villorrios ubicados en la región fronteriza. Ha servido a sus habitantes para justificar la búsqueda de la subsistencia, sin importar si con ellos violan preceptos legales establecidos o exponen sus vidas enfrentando los supuestos mecanismos de control fronterizo.

Los riesgos que acarrean tienen poca importancia, a la hora en que se requiere solucionar el hambre, los problemas de salud, las responsabilidades del hogar y la demanda creciente en una sociedad, que si bien no aporta soluciones, exige constantemente y en grado extremo.

Durante la férrea Dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina comprendida entre los años de 1930 hasta 1961, en que el pueblo puso fin a una dictadura represiva en grado extremo, sanguinaria, y donde los excesos fueron una constante.

Sin excepción, en todas las provincias que constituyen la denominada zona limítrofe con Haití, los asesinatos y barbaries cometidos por los sicarios del régimen, en contra de infelices ciudadanos que compraban Clerén a los haitianos para luego revender en territorio dominicano y obtener el sustento diario para sus familiares.

Es así como un producto casero, sin ningún tipo de control sanitario, elaborado rústicamente, teniendo como materia prima la caña de azúcar. De la noche a la mañana se convirtió en el medio vivendi de familias

honorables, que preferían la muerte en mano del Hitler de la frontera, el General José María Alcántara; el mismo que convirtió al Sisal de Azua en un cementerio, para no robar o ver perecer los hijos por el injustificado abandono de Gobiernos y de un Estado complaciente y encubridor de las fechorías de corruptos enquistados en una pirámide social invertida. Ancho para unos pocos y estrecho para las mayorías.

Resulta lastimero, que ahora cuando resultan incontables las muertes por consumo de un Clerén adulterado con el uso de Etanol y un polvo blanco de extraña procedencia, las ineficaces autoridades de República Dominicana, cual si fueran un Colón del Siglo XXI quieran descubrir lo que ya es viejo.

Desde tiempos inmemoriales los muertos por consumo de Clerén suman miles. Unos por los abusos de la maquinaria represiva Trujillo-Balaguer; otros por el hambre y las frustraciones existentes en una región carente de empleos y planes para un desarrollo armónico y sostenible, a no ser las dadivas con los cuales se pretende enclaustrar los fronterizos para ser devorados por la legendaria serpiente de la siete cabezas y que son enviadas por el Gobierno en manos de políticos inescrupulosos, que reparten unos pocos y se roban las demás.

La situación actual es de una gravedad extrema. No sólo encierra el número de muertos actuales y por venir. Encierra además, la necesidad del que el Estado Dominicano investigue y descubra por los medios de que dispone, quien o quienes fueron los autores de este hecho macabro, con que propósito lo hicieron y de donde procede la disposición.

A veces los dominicanos somos ilusos y creemos en la buena fe. Por este comportamiento se nos suele agarrar desprevenidos o como dice el refrán popular “Asando batata”.

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