Jueves  19 de Abril de 2018 | Última actualización 08:20 PM
Dos continuismos morados
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 7:49 AM

Uno por quedarse y otro por volver. Ambos morados y ambos corruptos y corruptores. Danilo vs. Leonel. Danilismo vs Leonelismo. Los dos en competencia para asegurar corrupción e impunidad a su favor. Delitos de Estado a cargo de los dos abundan para ambos ser judicialmente procesados (si hubiera Justicia).

Y no es solo Odebrecht y su Punta Catalina que los embarra. Es también Sun Land, Peme, Barrick, Falcondo, concesiones mineras, Súper-Tucanos, Antena Latina, Sansouci, Diandino-Metro, Ciudad Colonial, CEA, CORDE-Tres Brazos, OISOE, OMSA, Mafia combustibles, Mafia importadora, Mafia congresual, JCE-SCANERS, Valle Nuevo, Depredadores de Bosques y Ríos, Empresas Conexas al Presupuesto Nacional y Municipales…Y paro de nombrar.

La ley de partidos entra dentro de esa competencia inter-mafiosa por el control directo del Partido-consorcio, candidaturas, Congreso, Sistema Judicial, Junta Central Electoral, Altas Cortes, Gobierno Central, Instituciones Castrenses, Policía, DNCD y DNI.

Pugna ríspida por el control del Poder Ejecutivo y el Senado, de donde se controla todo lo demás. Ríspida pero a la vez transable.

Despliegue de fuerza, corruptela y músculo buro-partidocrático para determinar quien de la familia morada queda arriba y quien abajo; aunque el que está en el Palacio tiene sus ventajas para quedarse arriba y seguir asaltando el patrimonio público y natural de la Nación.

El que quede abajo generalmente acumula suficiente fuerza para pactar garantizando su impunidad, mientras el que se impone necesita del pacto para impedir una división del consorcio al servicio de los dos. El espíritu de cuerpo los lleva a un compromiso que impida arriesgar el negocio de todos ante la posibilidad de irrupción de un tercero no controlable.

Todo lo demás es “pendejá”, entretenimiento, distracción… En lo inmediato, si no hay acuerdo o fuerza impositiva en cuanto a ley de partidos, sencillamente se queda el sistema sin ley de partido para que la JCE y el Comité Político del Consorcio decidan el quehacer más beneficioso para quienes actualmente los controlan, en tanto detentan el poder mayor asociado a sectores de la clase dominante.

El que domina impone y procura imponérsele a la sociedad para garantizar la permanencia impune de esta rentable dictadura constitucional mafiosa bajo su mando.

En ese contexto la salida alternativa a favor del soberano no puede ser institucional. Es de calle, democracia de calle… camino a una ruptura pro-Constituyente.

Un tercer continuismo, supuestamente opositor, además de muy vulnerable por su corrupción endémica, cuenta poco al carecer de vocación y posibilidad para desmantelar la trampa sistémica.

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