Domingo  21 de Julio de 2019 | Última actualización 03:41 PM
Hipocresía de una sociedad en crisis
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 3:23 PM

La pasada semana la sociedad dominicana fue conmocionada con la noticia de las relaciones entre una joven menor de edad y un General y Coronel de la Policia Nacional.

Diversas han sido las opiniones vertidas en las redes sociales; unas apuntando a la culpabilidad de los connotados miembros de la Policia al inmiscuirse con una menor, lo cual es tipificado como crimen en nuestro marco legal; y otros apuntando el índice acusador hacia la madre de la menor y la menor misma, por ser estas –en el argot popular– unas «buscavidas».

De manera preliminar, el Ministerio Público ha indicado que los actos que habrían cometido el Coronel Bautista Piña y el General Acosta Castellanos constituyen una violación a lo establecido en los artículos 355 del Código Penal Dominicano, así como en el artículo 396 literales B y C del Código para la Protección y los Derechos Fundamentales de los Niños, Niñas y Adolescentes […] (Ley 136-03). (sic, El Nacional 2 de julio)

Como se estila en estos casos, los clamores populares no se han hecho esperar. Unos pidiendo las cabezas de los uniformados; otros, las de madre e hija por oportunistas.

Pero hay un elemento importante que debe ser señalado y que ha sido obviado por una parte importante de la opinión pública: el franco dererioro de la sociedad dominicana como conjunto y la familia como ente particular.

La crisis e involución por la que atraviesan la sociedad y la familia dominicana son el caldo de cultivo perfecto para la producción de este tipo de situaciones.

La creciente cantidad de madres o padres solteros criando y educando sus hijos es un baldón difícil de superar. Si a esto sumamos la precariedad económica de los sectores populares, da por resultado una deficiente labor que conlleva a la deserción escolar, a la inserción temprana en el mercado laboral y, en su defecto, recurrir a la prostitución como forma de supervivencia.

El otro aspecto que ha sido dejado de lado por los analistas y la gente en general es el hecho de que en nuestro país todavía no se ha podido superar bochornosas costumbres y prácticas de individuos pertenecientes a altos estamentos militares y policiales, creyéndose con patente de corso para realizar las más deleznables prácticas sin un régimen de consecuencias que castigue sus acciones.

La herencia trujillista –que nunca ha abandonado los cuerpos castrenses– de creerse y actuar como señores feudales con poder de decisión sobre sus súbditos (los civiles), produce hechos como los ocurridos.

Pero esto no sólo atañe a la actuación de estos dos oficiales policiales, sino a la sociedad civil también, toda vez que esta práctica de “buscar muchachitas” para aplacar libidinosos deseos es un práctica generalizada en nuestra sociedad, siendo muchos los casos que se barren bajo la alfombra de la impunidad por tratarse de una práctica de gran arraigo.

No debemos, bajo ninguna circunstancia, solamente apuntar al hecho de que la menor, en cuestiones de “relaciones sexuales”, es mucho más aventajada que muchas que la superan en edad. Las causas que empujaron a esta chica a este tipo de conducta también deben ser subrayadas.

Esperamos que este caso no sea sólo una cortina de humo para tratar de aplacar el clamor de la sociedad por otros hechos que tienen al país dominicano sentado virtualmente sobre un barril de pólvora.

Como sociedad es mucho lo que debemos luchar por recobrar esos valores que antaño nos hicieron un pueblo digno y ejemplar; es necesaria una mirada introspectiva, encarar nuestro errores y tratar de subsanarlos si queremos legarle a nuestros hijos y nietos una sólida base de moral y buen proceder.

Fuentes consultadas:

El Nacional, 2 de julio 2019.