Lunes  14 de Octubre de 2019 | Última actualización 08:16 PM
Cosas de monarcas
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 9:14 PM

El rey tiene la razón en todo. Es lo máximo. Hay que rendirle pleitesía siempre. El que pierde su gracia pierde la de Dios. Los cortesanos se inclinan ante su merced. Manda. Sus caprichos y apetitos son leyes. Las normas, pedazos de papel, sirven si en su momento convienen al monarca, si no se van al carajo.

El monarca legisla, ejecuta e imparte justicia: concentra todos los poderes y designa sucesores en todas las instancias de la estructura monárquica.

El monarca tiene familia real, Corte y cortesanos, virreyes, condes y duques bajo su manto protector y sus directrices. La nobleza se inclina a sus pies y disfruta los privilegios y el boato del Reinado. Su descendencia son príncipes y princesas, infantas e infantes, herederos/as del trono.

El rey selecciona amantes, conforma harenes, premia a familiares cercanos de sus instrumentos de placeres, les asigna funciones elevadas, distribuye fortunas y les garantiza protección y seguridad. Él es impunidad para sí, para sus familiares, nobles y cortesanos, y para todas sus fuentes de placer y riquezas. Las damas del rey son intocables, igual sus ofertantes. Censura y reprime de mala manera a quienes las ofenden o denuncian.

La nobleza subalterna lo imita. El monarca es lo que es y a la vez modelo de inconductas. El reinado es una suma de pequeños y medianos “cotos” bajo tutelas de sus subalternos, que siempre tiende a descomponerse moralmente.

Monarquías hubo y hay, abiertas y encubiertas, superpuesta o no a sistemas republicanos, entremezcladas o no con ellos, confesas o asumidas con notable hipocresía. Las hubo y hay que degeneran en verdaderas orgías de corrupción y perversiones mayúsculas.

Existen incluso electas en sufragios corrompidos, con presidentes-monarcas, gabinetes cortesanos, primeras damas que no llegan a reinas, herederos bastardos, fiscales y ministros proxenetas, noblezas plebeyas o falsificadas, y oligarquías gavilleras.

Reinados dependientes, intermediarios de una dominación imperial impuesta a un mestizaje y a un “mulataje” resistentes a la colonización y portadores de una picardía sin límites para el bien y para el mal.

Con cúpulas que cambian de familias, rostros y Cortes, reproduciendo y reciclando el mismo modelo despótico y corrupto desprovisto de linaje. Con nexos y prácticas sexuales soterradamente prostituidas y tendencialmente explosivas.

Presente hoy unas de sus versiones conspicua en una isla caribeña tan hermosa como capaz de deslumbrar los ojos de sus crueles conquistadores de ayer y de hoy… hasta que sus pueblos negro y mulato decidan echarla al mar para alimentos de tiburones, no precisamente podridos.