Miercoles  05 de Agosto de 2020 | Última actualización 11:45 AM
Volver con la frente marchita...
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 8:57 PM

La Patria amada se alejó de la piel, y la piel se quedó impregnada en cada espacio posible; esa piel que envejeció a su tiempo se cubrió de besos nunca dados y de sueños que buscaron su destino en cada rincón.

Alguna vez mi viejo tocadiscos estrenó en su hoy maltratada vida un tango de Gardel que me llegó hasta el hondón del alma: "Volver", ese volver que relata la angustia de verse lejos, lejos de todo, hasta de los sueños.

Volver es un canto angustioso, un rosario de emociones, una angustia reprimida, un deseo irrefrenable al que tenemos derecho todos los seres humanos que un día cerramos los ojos para no ver el camino que nos alejaba de la Patria adorada. El corazón se puso de acuerdo para no sentir pena ni angustia ni deseo ni esperanza. ¡Carajo! cuanto se sufre lejos y que maldición nos cubre cada vez que alzamos las manos y no alcanzamos nada.

Gardel, el Carlos de todos los que amamos su canto jamás se imaginó que un millón de personas extrapolaríamos su angustia hasta convertirla en un llanto común, tan común que nos afectó a todos.
"Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno, son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor...". Sí señores, dolor, dolor amigo, dolor amargo, dolor que no se entiende porque se tiene que sientir, no comprendo porque tenemos que padecerlo quienes por una razón u otra tuvimos que irnos y dejarlo todo. A veces me llega la idea de que la vida se alejó de la justicia; pienso en las causas que obligan al ser humano a alejarse de sus cosas, de lo que ha sido y será por siempre lo único suyo, incluidos los recuerdos que al fin y al cabo son el cultivo del alma.

En mi caso, las razones se alejaron completamente de mis deseos y se que miles de los que se fueron antes y después que yo también tendrán sus válidos motivos, no necesariamente entendibles para el común de la gente. En mi caso intenté tres veces el retorno y tres veces me golpearon terribles circunstancias que me obligaron a regresar a lo que no es mío, ni mi ambiente ni mi cotidianidad.
¿Qué nos espera? ¿A quien tendremos que acudir para que quienes tienen la llave que nos puede abrir las puertas no nos vean como los simples ausentes que un día se hartaron del "bienestar" y decidieron pasar un poco de trabajo en el lugar que los vió nacer? Honestamente no lo se y por supuesto que me gustaría saber.

El país y la ciudad que te vió abrir los ojos por primera vez es lo único realmente tuyo, nadie tiene derecho a regatearte el derecho de estar allí y nadie tendría que sorprenderse de que un día, sin más bienes que tu amor, regreses a visitar los antiguos lugares que marcaron tu primera juventud aspirando a que en lo adelante sean los de tu segunda y definitiva eufemísticamente llamada vejez...