Sábado  24 de Octubre de 2020 | Última actualización 08:59 AM
Ella tambien fue de nosotros
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 7:10 PM

Se aparecia donde quiera y a la hora que quisiera; era tan delgada y frágil como un pensamiento y su sola presencia provocaba una mezcla de sentimientos; se le temía a veces, otras provocaba una pena honda y, ¿por que no decirlo?, repulsion.

Verla era como tener frente a nosotros la dulce expresión de la soledad o la imagen de una lágrima a punto de caer. Eramos muchachos entonces y no sabíamos que algunos renglones imperfectos de Dios a veces se reflejaban en seres que sin pedirlo ni merecerlo nacían, se desarrollaban y morían en medio de la soledad más abyecta y las burlas más terribles.
No la vi nunca con otro vestido que no fuera el amarillo tenue de cuello bordado, el pelo descuidado y sucio, los ojos implorando piedad y las manos, ah, esas santas manos temblorosas y deformadas, las cuales extendia implorando la limosna que tantas veces le fue negada en medio del escarnio inmerecido.

Siempre me fijé en los pies callosos y deformes y me daba tanta pena que hasta llegué a decir que era mejor que no saliera de la humilde casa que la cobijaba, pero al mismo tiempo reaccionaba y pensaba cómo iba a comer entonces la pobre anciana, si nadie le iba a llevar nada.

Cuando hablaba, si era que se lo permitía la gente, se le advertía un fino hilito de saliva o baba caer sobre la comisura inferior de los labios, sin embargo su principal característica, la cual la marco para siempre, era un fuerte temblor en la mano derecha, que al extenderla era tan fuerte que parecia razgar una guitarra, por eso el pueblo, el indolente pueblo que jamás entendió su desgracia, la llamó desde siempre y hasta hoy: Guitarrita.
Yo la recuerdo con mucha pena y amor; fue un alma buena, inocente, desgraciada y frágil; una flor a la que el destino le negó una vida mejor y que nosotros, muchachos y adultos sanjuaneros de entonces, la hicimos más miserable con nuestras burlas inmerecidas, como si ciertamente ella fuera producto de un error del Creador Supremo.

Donde quiera que se encuentre Guitarrita se que estará mirando como los muchachos de entonces crecieron y a lo mejor algún santo le habrá regalado un cuaderno y un lapiz para que escribiera aún con su manita temblorosa... los perdono.